David Copperfield
David Copperfield –No me cabe la menor duda –manifestó la señorita Betsey, tocando la campanilla–. Janet, presenta mis respetos al señor Dick y ruégale que baje a acompañarnos.
Mientras esperaba su llegada, mi tÃa continuó muy erguida, contemplando la pared con el ceño fruncido. Cuando el señor Dick entró en la sala, lo presentó ceremoniosamente:
–El señor Dick. Un viejo e Ãntimo amigo, en cuyo juicio –exclamó con énfasis, como si quisiera llamar al orden al señor Dick, que se mordÃa el dedo Ãndice con aire atontado– confÃo plenamente.
El señor Dick, comprendiendo la indirecta, retiró el dedo de su boca y se quedó en pie en medio del grupo, con expresión grave y atenta. Mi tÃa hizo un gesto con la cabeza al señor Murdstone, el cual prosiguió:
–Señorita Trotwood, al recibir su misiva, consideré un acto de mayor justicia para mÃ, y tal vez de mayor respeto a usted…
–Se lo agradezco –dijo mi tÃa, sin apartar de él su mirada penetrante–. No deberÃa preocuparse por mÃ.
–Venir a contestarle en persona, a pesar de los inconvenientes del viaje, en lugar de hacerlo por carta –continuó el señor Murdstone–. Este desventurado muchacho que ha huido lejos de sus amigos y de su trabajo…