David Copperfield
David Copperfield –Perdón, caballero –dijo mi tÃa, clavando en él su mirada penetrante–. ¿Es usted el mismo señor Murdstone que contrajo matrimonio con la viuda de mi difunto sobrino, David Copperfield, de Rookery, en Blunderstone? Aunque jamás comprenderé por qué pusieron ese nombre a la casa.
–En efecto –respondió mi padrastro.
–Entonces, caballero –añadió la señorita Betsey–, espero que sepa disculparme si le digo que, en mi opinión, habrÃa sido mucho mejor que hubiera dejado en paz a aquella pobre niña.
–Estoy de acuerdo con la señorita Trotwood –señaló la señorita Murdstone, torciendo el gesto– cuando afirma que nuestra pobre Clara no era más que una niña, en todos los sentidos.
–Es un verdadero consuelo, señora –declaró mi tÃa–, que nadie pueda decir algo semejante de nosotras, que tenemos ya cierta edad y no corremos peligro de que alguien nos haga desgraciadas a causa de nuestros atractivos personales.
–Tiene razón –replicó la señorita Murdstone, aunque no pareció asentir de muy buena gana–. Y, como usted acaba de decir, habrÃa sido mucho mejor para mi hermano que esa boda nunca se hubiera celebrado. Ésa ha sido siempre mi opinión.

La entrevista decisiva