David Copperfield
David Copperfield –¡Dios mÃo! No es necesario que lo explique. ¡Se lo dejó a ella sin condiciones! Como si David Copperfield hubiera sido capaz de prever algo, aunque lo tuviese delante de sus ojos… Por supuesto que se lo dejó sin condiciones. Pero cuando ella volvió a contraer matrimonio, cuando cometió el terrible error de casarse con usted –exclamó mi tÃa–, para ser breves, y hablando con franqueza, ¿nadie defendió los intereses de este muchacho?
–Mi difunta esposa amaba a su segundo marido, señora –afirmó el señor Murdstone–, y confiaba ciegamente en él.
–Su difunta esposa, caballero, era la criatura más desgraciada y desvalida de este mundo, y no sabÃa nada de él –añadió la señorita Betsey, moviendo la cabeza–. Eso es lo que ella era. Y ahora, ¿quiere decirme algo más?