David Copperfield
David Copperfield No le pedí más información sobre el señor Wickfield, pues ella tampoco me la dio, y charlamos de otros asuntos hasta que llegamos a Canterbury. Era día de mercado y la señorita Betsey tuvo ocasión de guiar el poni gris entre carros, cestas, hortalizas y mercancías de buhoneros. Dimos vueltas y revueltas en lugares increíblemente angostos, mientras oíamos toda clase de comentarios a nuestro paso, no siempre lisonjeros; pero mi tía conducía con total indiferencia, y no me sorprendería que hubiese atravesado un país enemigo con la misma calma.