David Copperfield
David Copperfield –¿Y por qué está tan seguro, señor Maldon? –preguntó el señor Wickfield, mientras seguÃa comiendo tranquilamente.
–Pues porque Annie es una joven encantadora y el viejo doctor… el doctor Strong, querÃa decir… no es un joven encantador –contestó Jack Maldon, riéndose–. No pretendo ofender a nadie, señor Wickfield. Digo únicamente que, en un matrimonio asÃ, es justo y razonable que se dé alguna compensación.
–¿Alguna compensación para la dama, señor? –inquirió mi anfitrión con gravedad.
–En efecto, señor –repuso Jack Maldon, sin dejar de reÃrse.
Sin embargo, al observar que el señor Wickfield seguÃa comiendo con la misma calma imperturbable, y que no habÃa la menor esperanza de que aflojara un solo músculo de su cara, añadió:
–Y ahora, como ya he dicho cuanto tenÃa que decir, me despediré de usted, rogándole nuevamente que perdone mi intromisión. Como es natural, seguiré sus indicaciones y el asunto quedará entre nosotros dos; ni siquiera lo mencionaré en casa del doctor.
–¿Ha cenado usted? –preguntó el señor Wickfield, señalando la mesa con su mano.
–Gracias –contestó el señor Maldon–, cenaré con mi prima Annie. Adiós.