David Copperfield

David Copperfield

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Le respondí que, según creía, me quedaría en casa del señor Wickfield hasta terminar mis estudios en el colegio.

–¿De veras? ¡No me extrañaría que usted acabase trabajando con él, señor Copperfield!

Le aseguré que no era ésa mi intención, y que nadie tenía tales planes para mí, pero Uriah Heep insistió, contestando a todas mis afirmaciones: «¡Oh, sí, señor Copperfield!» o «¡Por supuesto que sí, señor Copperfield!», una y otra vez. Cuando, finalmente, estuvo listo para abandonar el despacho aquella noche, me preguntó si tenía algún inconveniente en que apagara la luz; le respondí que no y lo hizo al instante. Después de darme la mano (que en la oscuridad era tan resbaladiza como un pez), entreabrió la puerta de la calle, salió fuera y la cerró; tuve que avanzar a tientas por la casa, lo que no me resultó nada fácil, y llegué incluso a tropezar con su taburete. Supongo que ése fue el motivo de que soñara con él la mitad de la noche, o eso me pareció. Entre otras cosas, le vi zarpar con la casa del señor Peggotty en una expedición pirata; una bandera negra ondeaba en lo alto del palo con la inscripción: Tratado de Tidd, enseña diabólica bajo la que nos conducía a la pequeña Emily y a mí al mar Caribe,[28] con el único fin de ahogarnos.


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