David Copperfield
David Copperfield Y para no andarme yo tampoco con rodeos, volveré a mi nacimiento.
Vine al mundo en Blunderstone, Suffolk, o «por ahí», como dicen en Escocia. Fui un hijo póstumo. Los ojos de mi padre llevaban seis meses cerrados a la luz de este mundo cuando se abrieron los míos. Incluso hoy, experimento una rara sensación cuando pienso que jamás me conoció; y todavía más extraño es el borroso recuerdo de las primeras veces que, siendo muy niño, visitaba su lápida blanca en el cementerio, y de la indefinible compasión que sentía por él, tendido allí solo, en medio de la oscuridad de la noche, mientras nuestra salita estaba caliente e iluminada, gracias al fuego de la chimenea y a las velas, y las puertas de nuestro hogar, de un modo que a veces me parecía cruel, cerradas a cal y canto.
