David Copperfield
David Copperfield Era muy agradable ver al doctor en compañía de su joven y bonita esposa. Su manera tierna y paternal de mostrar el cariño que sentía por ella, no hacía sino reflejar que era un hombre bueno. A menudo los veía pasear por el jardín, cerca de los melocotoneros. Algunas veces los contemplaba a menor distancia, en el despacho o en el salón. Ella parecía cuidar muy bien al doctor y quererle mucho, aunque jamás me dio la impresión de que se interesara demasiado por el diccionario; él siempre llevaba algunos fragmentos de éste en los bolsillos y en el forro del sombrero y, generalmente, parecía írselos explicando durante sus paseos.
Yo veía mucho a la señora Strong. Ella me había cogido cariño desde la mañana en que me presentaron al doctor, y siempre se interesaba por mí y me trataba con afecto. Además, amaba tiernamente a Agnes y venía con frecuencia a nuestra casa. Había, a mi modo de ver, cierta tirantez entre ella y el señor Wickfield (al que ella parecía temer) que nunca desapareció del todo. Cuando nos visitaba por las noches, jamás permitía que éste la acompañara a su casa y prefería escaparse conmigo. Y, algunas veces, mientras cruzábamos alegremente la plaza de la catedral, sin esperar encontrarnos con nadie, nos tropezábamos con el señor Jack Maldon, que siempre se sorprendía al vernos.