David Copperfield
David Copperfield Pero nuestro director era el ídolo de todo el colegio; y, de no haber sido así, muy malvados tendrían que haber sido sus integrantes, pues era el más bondadoso de los hombres; y tan confiado que habría podido conmover hasta los corazones de piedra de las mismas urnas que había sobre el muro. Cuando caminaba por el patio que había en un costado de la casa, mientras las cornejas y los grajos extraviados le miraban maliciosamente con la cabeza ladeada –como si conocieran mejor que el viejo doctor los asuntos del mundo–, si un vagabundo cualquiera lograba acercarse a sus chirriantes zapatos para contarle sus calamidades, bastaba una sola frase para que todas sus preocupaciones se desvanecieran al menos durante dos días. Y esto era tan evidente que los profesores y los alumnos ponían especial cuidado en impedir el paso de estos merodeadores, y salían por las ventanas y los expulsaban, antes de que el doctor advirtiera su presencia; y a veces lo conseguían a dos pasos de él, sin que se percatara de nada, mientras paseaba lentamente de un lado a otro del patio. Fuera de sus dominios y sin nadie que le protegiera, era como un cordero en manos de los esquiladores. Habría sido capaz de quitarse las polainas para dárselas a otro. De hecho, circulaba una historia entre nosotros (jamás conocí su origen, pero la creí durante tantos años que estoy convencido de que era cierta): que un día muy frío de invierno había regalado sus polainas a una mendiga, que había escandalizado al vecindario llevando de puerta en puerta un hermoso bebé envuelto en esa prenda de vestir, que todos reconocieron, pues eran tan famosas en aquel barrio como la catedral. Según afirmaban, la única persona que no había sabido adivinar su procedencia había sido el propio doctor, que, viéndolas poco después expuestas en la puerta de un negocio de compraventa de bastante mala reputación, donde cambiaban ese tipo de mercancías por ginebra, se acercó más de una vez a examinarlas con gesto de aprobación, como si admirara alguna curiosa novedad en su corte y las considerase mejores que las suyas.