David Copperfield
David Copperfield Llegaron más invitados, entre los que se encontraban dos profesores y Adams, y la conversación se hizo general; naturalmente, versó sobre el señor Jack Maldon, su viaje, el país donde se dirigía y sus distintos proyectos y perspectivas. Se marchaba aquella misma noche en la silla de posta, después de la cena, con destino a Gravesend, donde tenía que embarcarse. Y estaría lejos de Inglaterra durante no sé cuántos años, a menos que regresara con un permiso o por motivos de salud. Recuerdo que todos se mostraron de acuerdo en que la India era un país del que se decían muchas falsedades, y al que sólo podía reprocharse que tuviera un tigre o dos, y que el calor resultase algo excesivo en las horas centrales del día. Yo, por mi parte, veía en el señor Maldon a un Simbad moderno, y lo imaginaba como amigo inseparable de todos los rajás de Oriente, sentado bajo un baldaquino, fumando en curvadas pipas de oro… que alcanzarían una milla de longitud si alguien las enderezara.