David Copperfield
David Copperfield –Eso le dije yo, casi con las mismas palabras –afirmó su madre–. La próxima vez que me entere de que, por ese motivo, no piensa comunicarle algo, sentiré un fuerte deseo de hacerlo personalmente.
–Me dará una gran alegrÃa –señaló el doctor.
–¿De veras?
–Por supuesto que sÃ.
–Entonces lo haré –aseguró el Viejo Soldado–. ¡De acuerdo!
Y, después de haber conseguido su propósito, dio varios golpecitos en la mano del doctor con el abanico (que habÃa besado antes) y regresó triunfalmente a su primer asiento.