David Copperfield
David Copperfield Pero la joven no estaba; y, cuando la llamaron, no contestó. Salimos en tropel de la sala, a fin de averiguar qué sucedía, y la encontramos tendida en el suelo del vestíbulo. Al principio nos asustamos mucho, pero luego comprendimos que sólo se había desvanecido y que parecía volver en sí con los remedios habituales. El doctor, que había apoyado la cabeza de Annie en sus rodillas, apartó los rizos de su rostro y exclamó, mirando a su alrededor.
–¡Pobre Annie! ¡Siempre tan tierna y tan leal! La separación de su viejo compañero de juegos y amigo, su primo favorito, ha sido la causa de su desmayo. ¡Ay! ¡Es una lástima! ¡Cuánto lo lamento!
Entonces ella abrió los ojos y vio dónde se encontraba, y que todos la rodeábamos; y, cuando la ayudaron a levantarse, volvió la cabeza para apoyarla en el hombro de su marido, aunque ignoro si también quería esconderla allí. Regresamos a la sala para dejarla a solas con el doctor y con su madre; pero ella dijo, al parecer, que no se había sentido tan bien en todo el día y quiso acompañarnos. La trajeron, así, muy débil y muy pálida, y la sentaron en un sofá.

Vuelvo a casa del doctor después de la fiesta