David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En esas ocasiones, el señor Dick viajaba siempre con su pequeño escritorio de cuero, donde guardaba tinta y papel en abundancia, además de su memorial; en relación con este documento, se le había metido en la cabeza que el tiempo empezaba a apremiar y que no tenía más remedio que acabarlo.

Al señor Dick le encantaba el pan de jengibre. Para hacer sus visitas más agradables, mi tía me había mandado que le abriese una cuenta en una pastelería, con la condición de que sólo le permitieran el desembolso de un chelín al día. Este detalle, y el hecho de que ella supervisara todas las pequeñas facturas de la posada donde se hospedaba, antes de pagarlas, me indujeron a sospechar que el señor Dick estaba autorizado a hacer tintinear sus monedas en el bolsillo, pero no a emplearlas. Al continuar mis pesquisas, descubrí que estaba en lo cierto, o por lo menos que existía un acuerdo entre él y la señorita Betsey, y él se había comprometido a rendirle cuentas de todos sus gastos. Como engañarla era algo que no le cabía en la cabeza, y siempre deseaba complacerla, se sentía obligado a ser muy cauteloso y no derrochar. En este punto, al igual que en todos los demás, el señor Dick estaba convencido de que mi tía era la mujer más sabia y maravillosa del mundo, como solía repetirme con el mayor sigilo, siempre entre susurros.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker