David Copperfield
David Copperfield Recuerdo con alegría que, cuando el cochero se puso en marcha, mi madre corrió hasta la puerta y le gritó que se detuviera para abrazarme otra vez. Me gusta pensar en ella alzando hacia mí su amoroso rostro para besarme.
Se quedó en el camino mientras nos alejábamos, y vi cómo el señor Murdstone se le acercaba; tuve la sensación de que le reprochaba su tristeza. Yo miraba hacia atrás, asomando la cabeza fuera del toldo, sin comprender por qué aquel caballero se entrometía en algo que no era de su incumbencia. Peggotty, que también los vio, pareció muy disgustada; y así lo reflejaba la expresión de su cara.
Estuve un rato mirando a Peggotty, absorto en la siguiente conjetura: si ella tenía el encargo de abandonarme, tal como ocurrió con el niño del cuento, ¿sería capaz de encontrar yo solo el camino de vuelta a casa con los botones que ella iría dejando caer?