David Copperfield
David Copperfield La suerte está echada; todo ha terminado. Ocultando bajo una dolorosa máscara de alegrÃa los estragos causados por las preocupaciones, he preferido no deciros esta noche que cualquier esperanza de recibir el dinero ¡se ha desvanecido! En estas circunstancias, igualmente humillantes de soportar, humillantes de contemplar y humillantes de comunicar, he saldado la deuda contraÃda en este establecimiento firmando un pagaré que deberá hacerse efectivo a los catorce dÃas, en mi residencia de Pentonville, en Londres. Cuando llegue la fecha de su vencimiento, incumpliré mi promesa. El resultado será la ruina. El rayo está a punto de caer, y el árbol se quebrará.
Deje que el desgraciado que hoy le dirige estas palabras, mi querido Copperfield, sea un faro para usted a lo largo de su vida. Le escribe con esa intención y con esa esperanza. Si pudiera prestarle semejante servicio, tal vez serÃa posible que un rayo de luz penetrase en la triste mazmorra de su existencia; aunque su longevidad, por el momento (y es lo menos que puede decirse), es sumamente problemática.
Éstas son las últimas noticias que recibirá, mi querido Copperfield, de este paria miserable,
WILKINS MICAWBER