David Copperfield
David Copperfield A medida que el ponche desaparecía, el señor Micawber se mostraba cada vez más jovial y divertido. Como la señora Micawber pareció contagiarse de su alegría, entonamos el Auld Lang Syne;[30] ella cantaba la melodía y nosotros, el estribillo. Cuando llegamos a: «He aquí mi mano, camarada leal», unimos nuestras manos alrededor de la mesa; y cuando llegamos a los versos de Willie Waught sin tener la menor idea de lo que significaban, nos sentimos realmente conmovidos.
En una palabra, jamás he visto a nadie tan animado como al señor Micawber hasta el último momento de aquella reunión, cuando me despedí efusivamente de él y de su encantadora mujer. Por consiguiente, no estaba en absoluto preparado para recibir, al día siguiente a las siete de la mañana, esta misiva, fechada la víspera a las nueve y media de la noche, un cuarto de hora después de mi partida:
Mi querido y joven amigo,