David Copperfield
David Copperfield La señorita Shepherd es una de las alumnas del colegio de las señoritas Nettingalls. Yo la adoro. Es una niña menuda, de cara redonda y de cabellos rubios y rizados, que viste un corpiño ajustado. Las jóvenes del internado Nettingalls también vienen a la catedral. Soy incapaz de seguir mi libro, pues sólo tengo ojos para la señorita Shepherd. Cuando canta el coro, me parece oír a la señorita Shepherd. Durante el oficio, introduzco mentalmente su nombre en las oraciones… y lo coloco en medio de la familia real. Cuando estoy en casa, en mi habitación, a veces grito en un arrebato de amor: «¡Oh, señorita Shepherd!».
Durante algún tiempo vivo en la incertidumbre, pues desconozco los sentimientos de la señorita Shepherd, pero, finalmente, los hados me son propicios y coincido con ella en las clases de baile. La señorita Shepherd es mi pareja. Toco su guante y noto un escalofrío que me sube por el brazo derecho hasta llegar a la punta de mis cabellos. No le digo ninguna palabra tierna, pero los dos nos comprendemos. La señorita Shepherd y yo estamos destinados a ser el uno del otro.