David Copperfield
David Copperfield Siempre he considerado aquel episodio una derrota, la primera de mi vida. Al reservar mi plaza en la oficina de la diligencia, había pedido que anotaran «Asiento de pescante» junto a mi nombre y había entregado al tenedor de libros media corona. Llevaba un sobretodo y una manta de viaje especiales para la ocasión, a fin de estar a la altura de las circunstancias; me sentía orgulloso de ocupar un lugar tan distinguido, y estaba convencido de que hacía honor a la diligencia. Y, sin embargo, antes de llegar siquiera a la primera parada ¡me veía suplantado por un individuo bizco y mal vestido, cuyo único mérito era oler a caballeriza y ser capaz de pasar por encima de mí (más como una mosca que como un ser humano) mientras los caballos iban a medio galope!
Este pequeño incidente en la parte exterior de la diligencia de Canterbury no contribuyó a paliar la falta de confianza en mí mismo que, muy a mi pesar, he experimentado a lo largo de mi vida en más de una ocasión, en situaciones de poca importancia. No sirvió de nada que buscara refugio en una voz bronca. Hablé con la boca del estómago durante el resto del viaje, pero me sentí muy humillado y terriblemente joven.