David Copperfield
David Copperfield –A que ha criado usted muchÃsimos caballos de Suffolk, ¿no?
–Por supuesto –exclamó el caballero–. No hay raza de caballos o de perros que yo no haya criado. Hay hombres cuya única afición en la vida son los caballos y los perros. En mi caso, son más importantes que la comida y la bebida… la casa, la mujer y los hijos… la lectura, la escritura y la aritmética… el rapé, el tabaco y el sueño.
–No es la clase de hombre que uno espera encontrar detrás del pescante de una diligencia, ¿verdad? –me dijo William al oÃdo, mientras sacudÃa las riendas.
Comprendà que era una manera de insinuarme que le cediera mi sitio, lo que me apresuré a hacer, enrojeciendo.
–Si a usted no le importa, señor –afirmó el cochero–, creo que serÃa lo más correcto.