David Copperfield
David Copperfield Había salido por una puerta diferente y me detuve unos instantes, como si fuera verdaderamente un extraño en la tierra; mas no tardaron en hacerme volver en mí los empujones y los codazos, y emprendí el camino de vuelta al hotel. Durante el trayecto, el maravilloso espectáculo que acababa de presenciar ocupó todos mis pensamientos; y a la una de la madrugada, después de una cerveza negra y de unas ostras, seguía rememorándolo, mientras contemplaba el fuego de la sala.
Estaba tan absorto, meditando sobre la pieza teatral y sobre mi pasado (pues la obra era, en cierto modo, una especie de pantalla luminosa y transparente a través de la cual veía pasar mis primeros años), que no sé en qué momento se hizo real para mí la figura de un apuesto joven, vestido con elegante negligencia, que yo tenía motivos para recordar muy bien. Lo que no he olvidado es que me percaté de su presencia sin haberlo visto entrar, mientras seguía ensimismado, delante de la chimenea.