David Copperfield
David Copperfield –¡Oh! Entonces quiere decir que no lo es –repuso la señorita Dartle–. ¡Cuánto me alegro! Ahora sé a qué atenerme. Ésa es la ventaja de preguntar. No permitiré que nadie vuelva a mencionar el libertinaje y el despilfarro cuando me hable de la vida de estudiante.
–Harás muy bien –señaló la señora Steerforth–. El tutor de mi hijo es un hombre de principios; si no tuviera confianza en James, la tendrÃa en él.
–¿De veras? –exclamó la señorita Dartle–. ¿Un hombre de principios? ¿Lo dice en serio?
–Estoy convencida –replicó la señora Steerforth.
–¡Qué bien! –afirmó la señorita Dartle–. ¡Me quita un peso de encima! ¿Asà que es un hombre de principios? Entonces no es… por supuesto que no puede serlo si es un hombre de principios. A partir de ahora, me alegrará tener esa opinión de su tutor. No sabe cuánto ha mejorado mi concepto de él con sus palabras.