David Copperfield
David Copperfield Y, nada más pronunciar estas palabras, se retiró a dormir, seguida de la señora Steerforth. Mi anfitrión y yo nos entretuvimos media hora más, delante de la chimenea, hablando de Traddles y de los demás muchachos de Salem House, y después subimos juntos la escalera. El dormitorio de Steerforth estaba junto al mÃo y entré a verlo. Es difÃcil imaginar una estancia más cómoda; estaba llena de sillones, de cojines y de escabeles, bordados por su madre. No faltaba ningún detalle que pudiera hacerla más agradable. Finalmente, habÃa un hermoso retrato de la señora Steerforth, que parecÃa contemplar desde la pared al hijo que tanto amaba, como si quisiera que, incluso cuando dormÃa, su imagen lo cuidara.
Encontré un buen fuego encendido en mi habitación, y tanto las cortinas de las ventanas como las que rodeaban mi cama estaban cerradas, lo que daba a la estancia un aire muy acogedor. Me senté en una butaca junto al fuego para meditar sobre mi felicidad. Llevaba ya un buen rato absorto en mis pensamientos cuando descubrÃ, encima de la chimenea, un retrato de la señorita Dartle con su ardiente mirada clavada en mÃ.