David Copperfield
David Copperfield Mi reflexión debió parecerle bastante profunda, pero respondió:
–No, yo no le puse ningún nombre.
–Entonces, ¿quién lo hizo? –pregunté, formulando a mi anfitrión la segunda pregunta del catecismo.
–Pues quién iba a ser sino su padre –exclamó el señor Peggotty.
–Creía que usted era su padre…
–Mi hermano Joe era su padre –afirmó.
–¿Acaso murió, señor Peggotty? –inquirí tras un respetuoso silencio.
–Pereció ahogado.
Me sorprendió enterarme de que el señor Peggotty no era el padre de Ham, y empecé a pensar si no estaría equivocado respecto al parentesco que le unía a todos los demás. Tenía tanta curiosidad por averiguarlo, que decidí preguntárselo a él.
–La pequeña Emily –dije, mirando a la niña– es hija suya, ¿verdad, señor Peggotty?
–No, señorito Davy; mi cuñado Tom era su padre.
No tenía más remedio que seguir adelante.
–¿Y él murió? –pregunté, después de otro respetuoso silencio.
–Pereció ahogado.