David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después del té, cuando la puerta estuvo cerrada y la estancia bien caliente (pues las noches eran frías y brumosas), me pareció el refugio más delicioso que la imaginación humana podía concebir. Oír el viento levantándose en el mar, saber que la niebla se extendía lentamente por aquella llanura desolada, contemplar el fuego, pensar que no había ninguna otra casa en los alrededores y que estábamos en un barco: había algo mágico en todo aquello. La pequeña Emily había vencido su timidez y se sentaba a mi lado en el cajón más bajo y endeble de la sala, que era suficientemente ancho para los dos y encajaba justo en el rincón de la chimenea. La señora Peggotty, con su delantal blanco, tejía frente al fuego. Peggotty parecía sentirse en su propia casa mientras cosía con la catedral de Saint Paul y el pedacito de cera en su regazo, como si estos objetos hubieran estado siempre bajo aquel techo. Ham, que había estado enseñándome a jugar a all-fours con una baraja mugrienta, trataba de recordar cómo se echaban las cartas para adivinar el porvenir, e iba dejando la marca de su pulgar pegajoso en el dorso de todas ellas. El señor Peggotty fumaba su pipa. Sentí que había llegado la hora de conversar y de hacernos confidencias.

–Señor Peggotty –empecé a decir.

–¡Sí, señorito Davy! –contestó.

–¿Puso a su hijo el nombre de Ham porque vive en una especie de arca?[9]


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker