David Copperfield
David Copperfield –¡Ay, Steerforth! ¡Mira que bromear a costa de los pobres! Puedes discutir con la señorita Dartle, o intentar ocultar tus simpatÃas para burlarte de mÃ, pero te conozco mejor de lo que crees. Cuando veo lo bien que los comprendes, con qué delicadeza compartes su júbilo, como acabas de hacerlo con ese sencillo pescador, o cuánto te conmueve el amor de mi vieja niñera, sé que no puede resultarte indiferente ninguna alegrÃa, ninguna pena, ninguna emoción de esa gente. ¡Y por eso te quiero y te admiro, Steerforth, veinte veces más!
Entonces se detuvo y, mirándome a la cara, dijo:
–Daisy, estoy convencido de que hablas en serio y de que eres bueno. ¡Ojalá todos fuéramos asÃ!
Un instante después entonaba alegremente la canción del señor Peggotty, mientras andábamos a buen paso de regreso a Yarmouth.