David Copperfield
David Copperfield Pero al llegar a ese punto, Peggotty –y me refiero a mi Peggotty particular– empezó a hacer unos gestos tan exagerados para que me callara que me vi obligado a observar sentado y sin hacer nada a mis silenciosos acompañantes hasta la hora de acostarnos. Una vez en la intimidad de mi pequeño camarote, Peggotty me contó que Ham y Emily eran dos sobrinos huérfanos, a los que su hermano habÃa adoptado siendo niños, en épocas diferentes, cuando se quedaron solos en el mundo; y que la señora Gummidge era la viuda de un compañero suyo de pesca, que habÃa muerto en la miseria. Según Peggotty, él también era muy pobre, pero tenÃa un corazón de oro y era un hombre de una pieza. Me dijo, asimismo, que lo único que le sacaba de quicio era que alguien mencionara su generosidad; si eso ocurrÃa, daba un violento puñetazo en la mesa con la mano derecha (que una vez se le rompió) y juraba enfurecido que se largarÃa para siempre si volvÃan a hablar de ello. Al parecer, nadie entendÃa demasiado bien sus amenazas, pero no podÃan concebir la existencia de otras peores.