David Copperfield
David Copperfield Quedó acordado que yo empezaría mi mes de prueba en cuanto me viniera bien, y que la señorita Trotwood no necesitaría quedarse en la ciudad ni regresar cuando este plazo venciera, pues no había el menor inconveniente en enviarle mi contrato a Dover para que lo firmase. Una vez arreglado esto, el señor Spenlow se brindó a acompañarme a la sala del Tribunal, a fin de que pudiera ver qué clase de lugar era. Como yo estaba deseoso de conocerlo, salimos del despacho dejando en él a mi tía, que, según nos explicó, no quería correr el riesgo de ir; supongo que para ella todos los tribunales de justicia eran como polvorines que podían volar por los aires en cualquier momento.