David Copperfield
David Copperfield –¿A Uriah Heep? –inquirÖ. ¿Se encuentra en Londres?
–Viene todos los dÃas al despacho de la planta baja –contestó Agnes–. Llegó a Londres una semana antes que yo. Me temo que le ha traÃdo a la ciudad un asunto muy desagradable, Trotwood.
–Un asunto que te inquieta, puedo adivinarlo –declaré–. ¿De qué se trata?
Agnes dejó a un lado su labor y, cruzando las manos, me miró tristemente con sus dulces y hermosos ojos.
–Creo que Uriah va a convertirse en socio de papá.
–¿Cómo? ¿Uriah? ¿Ese individuo miserable y servil ha logrado deslizarse como un gusano hasta semejante puesto? –exclamé indignado–. Y tú, Agnes, ¿no has manifestado tu disgusto? Piensa en lo que supondrÃa esa relación. Tienes que hablar con toda franqueza. No debes permitir que tu padre cometa esa locura. Tienes que impedirlo antes de que sea demasiado tarde.
Sin dejar de mirarme, Agnes movió la cabeza, sonriendo débilmente al ver mi agitación.