David Copperfield
David Copperfield –Hice lo que consideré mi deber, Trotwood. Convencida de que ese sacrificio era necesario para la tranquilidad de papá, le supliqué que lo hiciera. Le dije que, de ese modo, aligerarÃa la carga que llevaba sobre los hombros (¡confÃo en que asà sea!) y tendrÃa más tiempo para estar conmigo. ¡Oh, Trotwood! –exclamó cubriéndose el rostro con las manos, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas–. Tengo la impresión de haber actuado casi como un enemigo, en lugar de como una hija que le adora. Pues sé hasta qué punto su amor por mà le ha cambiado el carácter, y cuánto ha reducido el cÃrculo de sus amistades y de sus obligaciones para dedicarse por entero a mi cuidado. Soy consciente de todas las cosas a las que ha renunciado, y de que su inquietud por mà ha ensombrecido su vida y ha debilitado su fuerza y su energÃa, haciéndolas ir siempre en una dirección. Si yo pudiera reparar todo eso… Si yo pudiera lograr que se recuperara, después de haber sido la causa involuntaria de su decadencia.
Jamás habÃa visto llorar a Agnes. HabÃa visto lágrimas en sus ojos cada vez que yo llegaba del colegio con un nuevo galardón, asà como la última vez que habÃamos hablado de su padre; y le habÃa visto volver su dulce rostro a un lado cuando nos despedimos. Pero nunca la habÃa visto tan desconsolada. Aquello me afligió sobremanera.