David Copperfield
David Copperfield El señor Waterbrook resultó ser un caballero de mediana edad, cuellicorto y con un gigantesco cuello de camisa, al que sólo le faltaba un hocico negro para ser el vivo retrato de un pequeño dogo. Me dijo que le alegraba mucho tener el honor de conocerme; y, cuando hube saludado a la señora Waterbrook, me presentó con gran solemnidad a una dama de aspecto temible, que vestía un traje de terciopelo negro y lucía un enorme sombrero de terciopelo negro. Pensé que podría ser una pariente cercana de Hamlet, algo así como su tía.
Se llamaba señora de Henry Spiker; y su marido también estaba allí: un hombre tan frío que su cabeza, en vez de ser gris, parecía cubierta de escarcha. Todo el mundo mostraba una gran deferencia a los Henry Spikers, de uno y otro sexo; y ello se debía, según me explicó Agnes, a que el señor Henry Spiker era el abogado de algo o de alguien (he olvidado de qué o de quién) que tenía alguna vaga relación con el departamento de Hacienda.