David Copperfield
David Copperfield Al descubrir poco a poco, sin embargo, que estaba sobrio y era un caballero joven y modesto, la actitud de la señora Waterbrook se ablandó considerablemente; me preguntó, en primer lugar, si frecuentaba mucho los parques y, en segundo lugar, si llevaba una intensa vida social. Cuando respondí que no a ambas preguntas, tuve la impresión de que su concepto de mí volvía a ser desfavorable; pero lo disimuló con elegancia y me invitó a cenar al día siguiente. Acepté su proposición y me despedí; pregunté por Uriah en la oficina al salir y, como estaba ausente, le dejé mi tarjeta.
Cuando al día siguiente fui a cenar y, al abrirse la puerta de la calle, me vi sumergido en un baño de vapor de pierna de cordero, comprendí que no era el único invitado; pues en seguida reconocí al mensajero que me había llevado la carta de Agnes, disfrazado de lacayo para ayudar al criado de la casa, esperando al pie de la escalera para subir a anunciar mi nombre. Cuando me preguntó confidencialmente cómo me llamaba, fingió no haberme visto antes; pero se acordaba tan bien de mí como yo de él. La conciencia hizo de nosotros unos cobardes.[49]