David Copperfield
David Copperfield Y, después de pronunciar estas palabras, la señora Crupp, simulando tener mucho cuidado con el coñac –del que no quedaba ni una sola gota–, me dio las gracias con una majestuosa reverencia y se retiró. Mientras su figura desaparecÃa en la oscuridad de la entrada, comprendà que la señora Crupp se habÃa tomado una pequeña libertad conmigo al darme aquel consejo; pero, al mismo tiempo, me alegré de recibirlo. Hombre prevenido vale por dos, pensé; y, en el futuro, procurarÃa guardar mejor mi secreto.