David Copperfield
David Copperfield –Mi querido Copperfield –señaló el señor Micawber–, no es necesario que le explique cuánto nos tranquiliza, en las actuales circunstancias, tener bajo nuestro techo a una inteligencia que brilla, si se me permite la expresión, como la de su amigo Traddles. Entre la lavandera que habita en la casa contigua, que expone a la venta dulces y confites en la ventana de su salón, y el agente de policÃa de Bow Street que vive enfrente, la compañÃa de su amigo, como podrá imaginar, constituye un verdadero consuelo para mà y para la señora Micawber. En estos momentos, mi querido Copperfield, me dedico a la venta de trigo a comisión. No se trata de una ocupación remuneradora (en otras palabras no produce ganancias) y, como consecuencia de ello, estamos pasando algunas estrecheces, aunque de carácter transitorio. Sin embargo, celebro añadir que está a punto de surgirme algo (lamento no poder decirle en qué sentido) que me permitirá satisfacer, de forma permanente, no sólo las necesidades de mi familia, sino también las de su amigo Traddles, por el que siento un sincero interés. Tal vez no le sorprenda saber que el estado de salud de la señora Micawber parece indicar que pronto aumentará el número de esas pruebas de amor que… en una palabra, que pronto aumentará el grupo infantil. La familia de la señora Micawber ha tenido la amabilidad de expresar su disgusto ante semejante estado de cosas. Mi único comentario al respecto es que no creo que sea un asunto de su incumbencia, y que rechazo esa exhibición de sentimientos con desprecio.