David Copperfield
David Copperfield Había una parrilla en la despensa, que se empleaba para cocinar mi loncha de tocino por las mañanas. Nos la trajeron en un abrir y cerrar de ojos, e inmediatamente pusimos en marcha el plan del señor Micawber. El trabajo se repartió del modo siguiente: Traddles cortaba el cordero en tajadas; el señor Micawber (que hacía esta clase de cosas a la perfección) las cubría con pimienta, mostaza, sal y guindilla; yo las colocaba en la parrilla, les daba la vuelta con un tenedor y las retiraba, siguiendo las indicaciones del señor Micawber; y la señora Micawber calentaba un poco la salsa de setas en una pequeña cazuela, sin dejar de removerla. Cuando tuvimos suficiente carne para empezar a comer, nos lanzamos al ataque, con los puños de las camisas remangados, mientras que nuevas tajadas chisporroteaban sobre las brasas y nuestra atención se repartía entre el cordero de nuestros platos y el que seguía en el fuego.