David Copperfield
David Copperfield Y, al llegar aquÃ, me siento atenazado por el miedo. Una nube empieza a descender sobre la lejana ciudad hacia la que, una vez más, dirijo mis pasos solitarios. Temo acercarme a ella. Me resulta insoportable pensar en lo que ocurrió aquella noche que jamás podremos olvidar; y lo que volverá a suceder si continúo mi relato.
Las cosas no empeorarán porque yo las escriba. No mejorarÃan aunque detuviera mi mano vacilante. El mal está hecho; y nada podrá deshacerlo, ni cambiarlo.
Mi vieja niñera tenÃa que acompañarme a Londres al dÃa siguiente, a causa del testamento. La pequeña Emily pasaba la jornada en la tienda del señor Omer. HabÃamos acordado reunirnos por la noche en la vieja gabarra del señor Peggotty. Ham recogerÃa a Emily a la hora habitual. Yo volverÃa tranquilamente a pie. Los dos hermanos regresarÃan como habÃan venido y nos esperarÃan, al anochecer, junto a la chimenea.