El Manuscrito de un loco
El Manuscrito de un loco La felicidad de una hermana contra el oro de un marido? La pluma mas ligera que soplo al aire, contra la luciente cadena que adorna mi cuerpo. En una cosa fui engañado á pesar de toda mi astucia. Si no hubiera estado loco (porque aunque nosotros los locos somos muy sagaces, solemos á veces descarriarnos) hubiera conocido que la muchacha preferia la oscuridad y la frialdad de la sepultura al lujo y esplendor de mi mansion. Hubiera conocido que su corazon latia por el bello jóven cuyo nombre le oi una vez articular en su inquieto sueño; y que ella me habia sido sacrificada para aliviar la pobreza del anciano, y de los orgullosos hermanos. No me recuerdo de formas ni de rostros ahora; pero se que la muchacha era hermosa. Sé que lo era, porque en las claras noches de luna, cuando despierto de mi sueño, y reina un pavoroso silencio alredor mio, veo alli, inmóvil, en aquel rincon de mi celda, una pequeña y gastada figura con largo cabello negro, que, lacio sobre sus espaldas, ningun viento terrestre hace por un momento ondear, y ojos que fijos en mi sus órbitas jamás dejan de mirarme. Ah! la sangre se hiela en mi corazon al escribir esto: aquella forma es la suya; las mejillas estan muy pálidas, y los ojos cristalizados; pero los reconozco bien.
