Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Cuanta instrucción pude adquirir traté de comunicarla a Joe. Esto dice tanto en mi favor que, en conciencia, no puedo dejar de explicarlo. Yo deseaba que Joe fuese menos ignorante y menos ordinario, para que resultase más digno de mi compañía y menos merecedor de los reproches de Estella.
La vieja Batería de los marjales era nuestro lugar de estudio, y un trozo de pizarra rota y un pedacito de pizarrín eran el instrumental instructivo. Joe añadía a todo eso una pipa de tabaco. Observé muy pronto que Joe era incapaz de recordar nada de un domingo a otro, o de adquirir, gracias a mis lecciones, alguna instrucción. Sin embargo, él fumaba su pipa en la Batería con aire más inteligente que en otro lugar cualquiera, incluso con aspecto de hombre instruido, como si se considerase en camino de hacer grandes progresos. Y creo que, verdaderamente, los hacía el pobre y querido Joe.