Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas No faltaba nada en la casa, y a excepción de estar apagada la bujÃa, la cual se hallaba en una mesa entre la puerta y mi hermana y a espaldas de ésta cuando fue herida, no se notaba ningún desorden en la cocina más que el que ella misma originó al caer y al derramar sangre por la herida. Pero en aquel lugar habÃa una pieza de convicción. La habÃan golpeado con algo muy pesado y de cantos redondeados en la cabeza y en la columna vertebral; después de haberla herido y mientras ella estaba tendida de cara al suelo, le arrojaron algo muy pesado con extraordinaria violencia. Y en el suelo, a su lado, cuando Joe levantó a su mujer, pudo ver un grillete de presidiario que habÃa sido limado.
Joe, examinando aquel hierro con sus conocimientos de herrero, declaró que habÃa sido limado hacÃa bastante tiempo. Los empleados de los pontones que, enterados del caso, vinieron a examinar el grillete corroboraron la opinión de Joe. No precisaron la fecha en que aquel grillete, que indudablemente perteneció a los Pontones, habÃa podido salir de ellos, pero aseguraban que no pertenecÃa a ninguno de los dos penados que se escaparon en la noche anterior. Además, uno de los dos fugitivos fue apresado de nuevo, y observaron que todavÃa llevaba su propio grillete.