Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas - Haga el favor de entrar-dijo el señor Pocket, hijo-. Permítame que le enseñe el camino. Dispongo aquí de pocas comodidades, mas espero que lo pasará usted de un modo tolerable hasta el lunes. Mi padre creyó que pasaría usted el día de mañana mejor conmigo que con él y que le gustar ír tal vez dar un paseo por Londres. Por mi parte, me será muy agradable mostrarle la capital. En cuanto a nuestra mesa, creo que no la encontrará mal provista, porque nos servirán desde el café inmediato, y he de anadir que ello será a las expensas de usted, porque tales son las instrucciones recibidas del señor Jaggers. En cuanto a nuestro alojamiento, no es espléndido en manera alguna, porque yo he de ganarme el pan y mi padre no tiene nada que darme, aunque yo no lo tomaría en el caso de que lo tuviese. Ésta es nuestra sala, que contiene las sillas, las mesas, la alfombra y lo demás que he podido traerme de mi casa. No debe usted figurarse que el mantel, las cucharas y las vinagreras son míos, porque los han mandado para usted desde el café. Éste es mi pequeño dormitorio; un poco mohoso, pero hay que tener en cuenta que Barnard también lo es. Éste es el dormitorio de usted. Se han alquilado los muebles para esta ocasión, mas espero que le parecerán convenientes para el objeto; si necesita algo, iré a buscarlo. Estas habitaciones están algo retiradas y, por lo tanto, estaremos solos; pero me atrevo a esperar que no nos pelearemos. ¡Dios mío!, perdóneme. No me había dado cuenta de que sigue usted sosteniendo la fruta. Déjeme que le tome estas bolsas. Estoy casi avergonzado.