Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Mientras yo estaba frente al señor Pocket, hijo, entregándole las bolsas de papel, observé que en sus ojos aparecía la misma expresión de asombro que había en los míos y retrocedió exclamando:
- ¡Dios mío! ¡Es usted aquel muchacho!
- Y usted - dije yo - es el joven caballero pálido.