Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Es verdad – replicó, - y voy a hacerlo inmediatamente. PermÃtame que antes le dirija una observación, Haendel, haciéndole notar que en Londres no es costumbre llevarse el cuchillo a la boca, tal vez por miedo de accidentes, y, aunque se reserva el tenedor para eso, no se lleva a los labios más de lo necesario.
Es cosa de poca importancia, pero vale la pena de hacer como los demás. También la cuchara se usa cogiéndola no con la mano encima de ella, sino debajo. Esto tiene dos ventajas. Asà se llega mejor a la boca, objeto principal de este movimiento, y se evita la actitud desagradable del codo derecho, semejante a cuando se están abriendo ostras.
Me dio estos amistosos consejos de un modo tan amable y gracioso, que ambos nos echamos a reÃr, y yo me ruboricé un poco.
Ahora - añadió -, vamos a hablar de la señorita Havisham. Ésta, como tal vez sepa usted, fue una niña mimada. Su madre murió cuando ella era aún muy jovencita, y su padre no le negó nunca nada. Éste era un caballero rural de la región de usted y fabricante de cerveza.
No comprendo la importancia que tenga el ser fabricante de cerveza; pero es innegable que, asà como no se puede ser distinguido y fabricar pan, un fabricante de cerveza puede ser tan hidalgo como el primero. Esto se ve todos los dÃas.