Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Luego llega una ocasión - dijo Herbert - en que usted observa una salida. Se aprovecha usted de ella, se hace un capital y entonces ya se está en situación.
Y en cuanto se ha hecho un capital, solamente falta emplearlo.
Tal modo de hablar estaba de acuerdo con la conducta que siguió en el jardín. También el modo de soportar su pobreza correspondía al que mostró para aceptar aquella derrota.
Me pareció que ahora recibía todos los golpes y todos los puñetazos con el mismo buen ánimo con que en otro tiempo recibió los míos.
Era evidente que no tenía consigo más que lo absolutamente necesario, porque todo lo demás había sido mandado allí por mi causa, desde el café o desde otra parte cualquiera.
Sin embargo, como había ya hecho su fortuna, aunque tan sólo en su mente, mostraba tal modestia, que yo me sentí agradecido de que no se enorgulleciese de ella. Esto fue otra buena cualidad que añadir a su agradable carácter, y así continuamos haciéndonos muy amigos.