Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Según creo, esperábamos que apareciese el señor Pocket; así es que aguardamos allí, y tuve la oportunidad de observar el fenómeno familiar de que siempre que algún niño se acercaba a la señora Pocket mientras jugaba, se ponía en pie y tropezaba para caerse sobre ella, con el mayor asombro de la dama y grandes lamentos de los pequeños.
Yo no lograba comprender tan extraña circunstancia y no pude impedir que mi cerebro empezase a formular teorías acerca del particular, cuando apareció Millers con el pequeño, el cual pasó a manos de Flopson y luego ésta se disponía a entregarlo a la señora Pocket, cuando, a su vez, se cayó de cabeza contra su ama, arrastrando al niño, y suerte que Herbert y yo la cogimos.
Pero ¿qué ocurre, Flopson? - dijo la señora Pocket apartando por un momento la mirada de su libro -.
Todo el mundo tropieza!
Naturalmente, señora - replicó Flopson con la cara encendida -. ¿Qué tiene usted ahí?
¿Que qué tengo, Flopson? - preguntó la señora Pocket.
Sí, señora. Ahí tiene usted su taburete. Y como lo oculta su falda, nadie lo ve y tropieza. Eso es. Tome el niño, señora, y déme, en cambio, su libro.