Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas ¡Caramba! - exclamó recogiendo otra vez el pañuelo del suelo -. Con ésta ya van siete. ¿Qué hace usted esta tarde, señora?
La señora Pocket tomó el pañuelo, dando una mirada de extraordinaria sorpresa, como si no lo hubiese visto antes; luego se sonrió al reconocerlo y dijo: Muchas gracias, Flopson.
Y olvidándose de mí, continuó la lectura.
Entonces observé, pues tuve tiempo de contarlos, que allí había no menos de seis pequeños Pockets en varias fases de crecimiento. Apenas había acabado de contarlo, cuando se oyó el séptimo, chillando lastimeramente desde la casa.
¡Que llora el pequeño! - dijo Flopson como si esto la sorprendiese en alto grado-. ¡Corre, Millers!
Ésta era la otra ama, y se dirigió hacia la casa; luego, paulatinamente, el chillido del niño se acalló y cesó al fin, como si fuese un joven ventrílocuo que llevase algo en la boca.
La señora Pocket seguía leyendo, y yo sentí la mayor curiosidad acerca de cuál sería aquel libro.