Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Mamá - dijo Herbert -. Éste es el joven señor Pip.
En vista de estas palabras, la señora Pocket me recibió con expresión de amable dignidad.
¡Master Aliok y señorita Juana! - gritó una de las amas a dos de los niños -. Si saltáis de esta manera, os caeréis al rÃo. ¿Y qué dirá entonces vuestro papá? Al mismo tiempo, el ama recogió el pañuelo de la señora Pocket y dijo: - Ya se le ha caÃdo a usted seis veces, señora.
En vista de ello, la señora Pocket se echó a reÃr, diciendo: Gracias, Flopson.
Y acomodándose tan sólo en una silla, continuó la lectura. Inmediatamente su rostro expresó el mayor interés, como si hubiese estado leyendo durante una semana entera, pero antes de haber recorrido media docena de lÃneas fijó los ojos en mà y dijo: Espero que su mamá estará buena.
Tan inesperadas palabras me pusieron en tal dificultad, que empecé a decir, del modo más absurdo posible, que, en el caso de haber existido tal persona, no tenÃa duda de que estarÃa perfectamente, de que se habrÃa sentido muy agradecida y de que sin duda le habrÃa mandado sus cumplimientos.
Entonces el ama vino en mi auxilio.