Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No.
—En tal caso reconocéis que podrÃa ser uno de los dos viajeros.
—SerÃa posible. Diré sin embargo que esas dos personas tenÃan un miedo excesivo a los ladrones, temor del que yo también participaba, y me parece que el acusado no es hombre que se asuste tan fácilmente.
—¿Estáis seguro de no haber hablado nunca con el acusado?
—He hablado con él algunas veces.
—¿En qué ocasión?
—Cuando regresé de ParÃs, algunos dÃas después de haberme embarcado en Dover; el acusado estaba a bordo del mismo buque, e hicimos juntos la travesÃa.
—¿A qué hora se embarcó?
—Era ya más de medianoche.
—Es decir, en medio de las tinieblas. ¿Llegaron a la misma hora algunos otros viajeros?
—Por una casualidad…
—No recurráis a esa expresión de duda, señor Lorry. El acusado, que está aquà presente, ¿fue el único que se embarcó a aquella hora avanzada?
—SÃ.
—Y vos, ¿estabais solo?
—No; me acompañaba un antiguo amigo con su hija que están aquà como testigos.
—¿Trabasteis conversación con el acusado?