Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Una densa niebla cubría el valle, se arrastraba por la colina como un alma en pena que busca el descanso, se alzaba con lentitud y empujaba denodadamente en el aire sus frías y espesas ondas. La luz proyectada por los faroles del coche, aprisionada en un círculo de niebla, alumbraba apenas algunos palmos del camino, y el vapor que exhalaban los sudorosos caballos se confundía con la neblina que los rodeaba.