Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Cuando Carton salió de casa de su amigo Stryver, la luz del día entraba en la escalera a través de los cristales empañados, y el aire era en la calle frío, glacial; el cielo estaba triste y encapotado, el agua del río, densa y negruzca, y la ciudad silenciosa, y sombría. Nubes de polvo corrían formando remolinos, azotadas por el viento de marzo, como si el África hubiera enviado sus mares de arena a inundar la ciudad dormida.
Solo en medio de aquel desierto, y llevando en su interior el vacío que habían dejado tantas fuerzas perdidas, Carton se paró un momento creyendo ver ante sus ojos un hermoso paisaje donde brillaban el amor al bien, el olvido de las penas, la perseverancia, la dignidad y el noble uso del alma y del corazón. En esa visión esplendorosa le hacían reverencias los amores y las gracias desde las hermosas columnatas de aire del templo de la felicidad, y le enseñaban los jardines donde maduraban los frutos de la vida y donde de la esperanza brotaban fuentes cristalinas y murmurantes.