Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —He vivido con mi hermosa Lucie —prosiguió la señorita Pross—, o más bien ella me paga desde hace quince años para vivir conmigo, lo cual no habrÃa permitido nunca (que me pagase, por supuesto) si hubiera podido atender a los gastos de la casa, y lo que sucede es terrible, ¿no es cierto?
El señor Lorry, que no entendÃa una palabra de lo que decÃa la señorita Pross, se contentó con mover la cabeza.
—Hombres que no son dignos de besar el suelo que pisa vienen de todas las partes del mundo… y vos habéis sido el primero.
—¿Yo? —dijo el señor Lorry con sorpresa.
—¿No fuisteis vos el que desenterró a su padre?
—Cierto es, pero decÃs que yo he sido el primero…
—Y no habéis sido el último. No lo digo tanto por vos como por los demás, ni acuso por eso al doctor, que no es digno de tener una hija como mi hermosa Lucie, pero es terrible… muy terrible que venga tras él una multitud de personas a robarme el corazón de mi adorada niña.