Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Estoy bien y os doy las gracias por vuestra atención —respondió el señor Lorry con dulzura—. Y vos, señorita Pross, ¿estáis bien?

—No como quisiera.

—¿Qué tenéis?

—¿Cómo queréis que esté bien si mi niña me pone continuamente fuera de quicio?

—¿Qué decís?

—¡Ah! Por favor, no hablemos de eso, o me dará un ataque de nervios.

—No os quiero tan mal, señorita Pross.

—Lo creo, lo creo —repuso la anciana aya de Lucie—. Os decía, pues, que estoy fuera de quicio.

—¿Puedo preguntaros la causa?

—Es fácil de explicar; me impacienta, me desespera que personas indignas de mi niña tengan la imprudencia de venir aquí a docenas para verla desde la calle.

—¿Vienen aquí a docenas a ver a la señorita Lucie?

—¡A centenares! —añadió la señorita Pross.

Uno de los rasgos característicos de aquella buena mujer (así como de muchas personas de su sexo y del nuestro) consistía en abultar la proporción que acababa de enunciar si alguien la ponía en duda.

—¡Cielos! —exclamó el señor Lorry.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker